sábado, 30 de noviembre de 2013


“Las obras de Bernardo Vieco hablarán de su paso por este mundo”

Vieco participó en las edificaciones más importantes del diseño urbanístico y arquitectónico de la ciudad por más de dos décadas. Diseños que, desafortunadamente, han ido cambiando por el impacto del esquema industrial.



Infortunadamente sus obligaciones no le dejan el tiempo suficiente para la labor del arte. Así decían varios de los artistas que hicieron parte de su círculo social y admiraban su devoción, pero era precisamente esta la que ocupaba un segundo plano en la vida de Bernardo Vieco un hombre tan sensato que para brindar estabilidad económica a su esposa e hijos preferiría dejar el oficio que más le apasionaba para trabajar de lleno en la labor de contador.

Era alto, delgado, de piel trigueña, ojos miel, cejas pobladas, con elegantes trajes, sombreros redondos e imponente postura que revelaba su carácter. Galante, disciplinado y prudente.

Consciente y partícipe de los cambios que se vivían culturalmente en la ciudad en la época del XX, pero alejado de las libertades que proponía una Medellín con deseos de dar giro a sus costumbres pueblerinas. 

Excelente guitarrista y reconocido escultor que desde sus 16 años, en 1903 decidió presentar su primera obra oficial en la Primera Exposición Industrial y Artística de Medellín, una pequeña escultura que llamó “El Torero Herido”.

Debía tomar una devastadora medida. Primero la obligación que la devoción, decía. Después de insistir en el campo de la artes recibiendo clases nocturnas y trabajando como contador en el día, resolvió abandonar los talleres que daba el maestro Cano en el Instituto de Bellas Artes, pues el nacimiento de su segunda hija lo obligó a requerir mayores ingresos.   

Importantes momentos artísticos rodeaban a de Bernardo Vieco. Sus primeras obras, su experiencia como aprendiz de grandes maestros. Tenía una familia que gozaba de habilidades artísticas desde varios siglos atrás. Bernardo Vieco era de descendencia española por parte de su padre que también tenía influencias artísticas, le gustaba pintar, era músico y trabajaba en su taller de talla de madera; allí se reunían pintores, literatos, escultores, fotógrafos, músicos y más artistas para celebrar sus tradicionales tertulias musicales y literarias. Costumbres que Vieco y sus hermanos no dejaban desaparecer, siempre continuaron con estos encuentros que tanto aportaron al desarrollo de las Bellas Artes en la ciudad.

Nunca renunció a la idea de que su familia estuviera siempre unida, los encuentros durante las vacaciones en lugares de recreo eran sagrados para Bernardo.

Era curioso recordar la época en que este hombre conoció a la mujer que sería su esposa, Tulia Sánchez, y sus dos hermanas que, posterior al matrimonio de aquéllos, decidieron casarse con los Vieco. De esos tres matrimonios nacieron 16 hijos con apellidos Vieco Sánchez, primos hermanos en todo el sentido.

Y grandioso pensar en el momento que conoció al célebre pintor y escultor Francisco Antonio Cano, su primer maestro, que deseaba tanto como él, desarrollar la técnica de fundición en Medellín. Vieco se había convertido en su mejor aprendiz y además su mano derecha en la realización de varias esculturas encargadas a Cano.

No había otra opción, era difícil aceptarlo pero la decisión estaba tomada.
Apreciaba las imágenes que su mente recreaba sobre la intachable trayectoria artística que llevaba. Primero la obligación que la devoción, repetía. Luego renuncia a las artes.

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Dos años después, en 1915, su compañero Cano le dará una noticia que cambiará su vida.

Vieco ocupará el puesto de Director y Docente en el Instituto de Bellas Artes de Medellín, ya que Antonio Cano renunciaría y le cedería su puesto para él comenzar un nuevo proceso de clases en Bellas Artes de Bogotá. Fue una gran noticia. El nuevo cargo en el Instituto, la realización de algunas obras independientes y su empleo de contador le ayudaron a generar mejores ingresos.

Cinco años después, el Instituto había sido cerrado por dar clases de arte con mujeres desnudas. Pero esto no fue un problema de largo plazo para Bernardo porque poco tiempo después sería el ‘afortunado ganador del Premio Mayor de la Lotería la Mutualidad Nacional’.

La suerte de Bernardo Vieco había cambiado, no dudó en viajar al exterior a perfeccionar sus técnicas, pero antes dejaría parte del dinero a su familia para el sostenimiento económico durante su ausencia. 

Previo al viaje, participa en la Exposición de la Obra de Artistas Jóvenes de Medellín dejando tres cabezas y varias placas en relieves –La muestra iba a ser realizada poco tiempo después del viaje, en la casa de Pedro Nel Gómez uno de sus aprendices–

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1 de abril, 1921. Una mañana. El Ferrocarril de Medellín. Monedas de oro. Vieco espera ansioso el tren que lo llevará hacia Puerto Berrío y después al fin, en dirección a Europa.

París. Galerías. Museos. Bernardo Visitó a un amigo que lo acompañaría a conocer las fascinantes obras artísticas y arquitectónicas durante su visita por la ciudad. Luego viajó a Barcelona para mejorar sus técnicas de modelado en barro, yeso y vaciados en cemento. Finalmente se dirige a Bruselas para conocer el arte del dorado y aprende el manejo de la laminilla de oro. Esta última lo hace pionero de la técnica en Colombia.

Vieco volvió cargado de conocimientos que aportarían al progreso de las artes en su país. Gracias a él, el proceso de fundición en las esculturas ya no se haría en el exterior. Reemplazó el sistema tradicional de moldeado para ahorrar tiempo y dinero. Renunció definitivamente al oficio de contador y creó su empresa familiar, un taller de escultura y ornamentación artística.

El arte del dorado tuvo gran acogida. La técnica, en la época, aportaba majestuosidad a las residencias, iglesias e instituciones en los acabados de fachadas, puertas, columnas, altares y letras. Además Tulia su esposa hacía una ‘mezcla secreta’ para la aplicación de la laminilla de oro, este último paso con la ayuda de sus hijos.

La primera obra del taller fue el Monumento del Bosque de la Independencia, en conmemoración al 5to Cincuentenario de la Fundación de la Ciudad, que se celebraría en 1925, año en que decide cambiar de residencia, ornamentada por él con todo el esmero. Era una fachada agradable, con tonos pastel en verde, rosa, rojo, amarillo y beige.

Vieco participó en las edificaciones más importantes del diseño urbanístico y arquitectónico de la ciudad por más de dos décadas en la primera mitad del pasado siglo. Ornamentó el Teatro Junín, La Gobernación de Antioquia, la iglesia de arquitectura neogótica en Manrique “El Señor de las Misericordias”, casas en Villanueva, Boston, San Benito, Guayaquil, La América, Prado, y esculturas funerarias como Las Tres Marías, El Ángel Guardián y La Piedad en el Museo Cementerio San Pedro, por mencionar algunas.

Bellas Artes había sido abierto de nuevo y Vieco retomó su puesto de Director. Contaba con los ingresos del taller y el cargo en el Instituto. Así vivió por el resto de sus días, con una familia unida y ejerciendo en las artes. Qué más podría pedir.

Finalmente un cáncer de garganta acabó con su vida. Algún día será domingo, repetía continuamente. ‘Domingo’ 04 de marzo del 56, fallece Bernardo Vieco.
Se dice que varios de sus trabajos sin terminar fueron tomados por algunos amigos y aprendices que se aprovecharon de la situación y las presentaron como obras de su autoría.

Algunos críticos decían, según El Colombiano Literario de la fecha. “Vieco sobresale en el dominio de la dimensión (…) deja gran vacío en el ambiente artístico, sus obras hablaran de su paso por este mundo”. 


Información tomada de:
  •          Libro Bernardo Vieco Escultor por Bernardo Vieco Quiroz (Arquitecto).
  •          Museo Cementerio San Pedro.
  •        Casa Museo Salsipuedes.
  • http://www.marinvieco.com/index%20archivos/Grupo%20Empresarial%20Marin%20Vieco/marinvieco.org/public_html/contribucion_de_la_familia_vieco.html 


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